EL PUEBLO FANTASMA
Había una vez un pueblo completamente deshabitado. Una tarde, en otoño, llegó al pueblo abandonado un viajero que se había equivocado de camino. Llamó dubitativamente a la puerta de la primera cabaña y entonces un hombre haraposo y enclenque le abrió, el viajero se asustó porque no había visto nunca a un hombre así, pero entró con agradecimiento. Le dio de comer y descansar.
El viajero no sabía que ese pueblo, aparte de estar deshabitado, era conocido como “el pueblo fantasma”, porque cuenta la leyenda según los nativos del lugar, que cada media noche resucitan los muertos de su cementerio para sacrificar a las personas del lugar para la gran bestia; si no las sacrificaran, la gran bestia podía castigar a éstos con un castigo muy gordo.
Esa noche, el viajero no podía dormir, ya que con el ruido de la tormenta era imposible. Escuchó un tic-tac, observó que eran las once y cincuenta y cinco y a los cinco minutos escuchó un toc-toc.
Éste se asustó, pero abrió; no vio a nadie y cerró, llamaron de nuevo y no vio a nadie; a la tercera no abrió, salió por la ventana a ver qué pasaba. En la esquina de la cabaña vio a un niño con capucha, este se rió con maldad, se quitó la capucha y el viajero observó que sangraba por la cabeza. Entonces se asustó y recordó que en su casa, antes de perderse, vio en las noticias que un niño había muerto por un disparo en la cabeza. Al momento apareció por la espalda un hombre con un cuchillo y este le rajó el cuello. Más tarde aparecieron los otros y lo llevaron ante la gran bestia.
¡Y así se cumplió la leyenda!
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